Dos monjas atrapadas morirán muy pronto en Liberia

ebola

Cuando el ébola azotaba Liberia, escribí estas líneas:

Dos monjas atrapadas morirán muy pronto en el Saint Joseph’s Catholic Hospital de Monrovia  si no se actúa con la máxima celeridad. Se trata de las hermanas misioneras Chantal Pascaline y Paciencia Melgar, ambas infectadas por el virus del ébola el cual está causando estragos en el oeste de África.

Junto a ellas se hallan también los hermanos Georges Combey y Eugene Osei-Wusu junto a otros ocho misioneros que no están contagiados por el virus, pero que malviven también en el Saint Joseph’s, centro desde donde se evacuó recientemente al padre Miguel Pajares, con un contagio de ébola bastante avanzado y a la hermana Juliana Bohana que no llegó a contraer el virus.

A pesar de ciertas reticencias, el Gobierno español ha tenido la fortaleza institucional y el sentido común suficiente como para repatriar a los dos religiosos que aún se encuentran en una situación crítica. Sin embargo, la medida del Gobierno es totalmente insuficiente puesto que aún quedan por evacuar a los diez misioneros que se han nombrado al principio, de entre los que destacan los casos de Pascaline y Melgar ya que éstas están contagiadas por el ébola. A pesar de las más de cien mil voces que ya han firmado a favor de dicha repatriación en el portal www.change.org el Gobierno español no está de momento dispuesto a evacuar a las hermanas puesto que ninguna de los dos son españolas, como si era el caso de Pajares y Bohana.

Ya que la ‘variable patriótica’ ha sido la principal excusa esgrimida por el Ministerio de Sanidad (precisamente en estos tiempos tan “globalizadores”) para no evacuar a los misioneros, conviene recordar que en el Saint Joseph’s Catholic Hospital muchos españoles entre los que me encuentro, hemos sido atendidos en numerosas ocasiones, algunas veces salvándonos de situaciones críticas.

En el Saint Joseph’s Catholic Hospital nadie te pregunta nunca por tu nacionalidad o país, sino qué problema, lesión o enfermedad tienes. Por medio de unas instalaciones muy humildes, el personal trata de hacer todo lo que está en sus manos para ayudarte. Surge pues la pregunta, ¿Si alguien salva a españoles, no tiene derecho a ser salvado por españoles? O mejor dicho ¿Si alguien salva a seres humanos, no tiene el mínimo derecho a ser salvado por seres humanos?

Les puedo asegurar que los afectados no dudarían ni un segundo en hacer lo mismo si estuviesen en el otro lado. A las pruebas me remito: conocí al padre Miguel y a las hermanas en Monrovia durante mis años en Liberia al servicio de la Delegación de la UE en este país. A lo largo de cuatro años, coincidí con ellos en diversos encuentros que organizaba la comunidad española. El padre Miguel y las hermanas Chantal, Paciencia, Juliana y todas las demás, se caracterizaban por derrochar energía, alegría y una firme predisposición a ayudar siempre que hiciese falta, independientemente de la nacionalidad, raza o religión del paciente en cuestión.

De la cantidad de cooperantes que conocí en Liberia, ellos fueron sin lugar a dudas los que me dieron la mejor impresión, los que transmitían con más energía una auténtica vocación por ayudar a los demás, incluido como ya se ha dicho, a los ciudadanos españoles. Gracias a ellos y a personas como Mikel Tellaeche (ahora director del centro Aita Menni y una de las voces que se han expresado con más fuerza a favor de la repatriación de los religiosos), que dirigió el centro durante un tiempo el Saint Joseph’s Catholic Hospital, fue un centro que hacía auténticos milagros para poder llevar a cabo su labor. Con escasos medios, exigua financiación, el centro siempre se las arreglaba para ayudar a los demás. Aún sigue haciéndolo.

De manera que la excusa “patriótica” no sólo se refuta por los “servicios al pueblo español” prestados por estas monjas, sino por el factor ético moral y humanitario que exige una actuación inminente y acorde con los derechos universales del hombre por parte del Gobierno español. De entre todos los misioneros afectados, como es lógico, urgen los casos de Chantal Pascaline y Paciencia Melgar que van a morir muy pronto si no se hace nada al respecto.

Tal terrible escenario dejaría en evidencia al Gobierno de España, dejándonos a todos como una nación que abandonó a su suerte a unas monjas cuyo delito fue ayudar a los demás, incluido a muchos ciudadanos españoles.

No se está pidiendo demagógicamente que se salve a la humanidad entera, sino recordando la obligación de velar por seres humanos devotos que han ayudado con todas sus fuerzas y conocimiento a los ciudadanos de este país (y de muchos otros) en un país extranjero.

Respecto a los riesgos de seguridad esbozados por algunas voces, conviene recordar que siguiendo rigurosamente las indicaciones de la OMS (como se hizo con el padre Miguel) y cumpliendo escrupulosamente con las medidas preventivas sanitarias, el riesgo de que se expanda el ébola en España es insignificante.

La señora Ministra de Sanidad española Ana Mato, tiene por tanto la posibilidad de llevar a cabo una repatriación a todas luces justa. Queda ya muy poco tiempo para tomar una decisión moral, legal y ética, una decisión que nos reconcilie con las instituciones nacionales y nos haga creer en la solidaridad de todos los seres humanos sin excepción.

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir Me voy de aquí.

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