Ni soy de Madrid, ni soy de Barcelona. Pero muchas gracias por preguntar.

Nada, un poco hasta los mismísimos que a uno le pregunten a cada paso si es de Barcelona o de Madrid. Ocurre cuando el interlocutor descubre que uno procede de un país llamado España. Entonces se encienden varias luces. Azulgranas y merengues para más señas. “Ah España, ¿eres de Barcelona? Messi, Messi”, “No”, dice uno tras un largo suspiro. ¿Eres de Madrid? ¡Cristiano Ronaldo, Cristiano Ronaldo!”, “tampoco” dice uno tras otro largo suspiro. Entonces se produce un bloqueo en los interrogadores. Un silencio marrón. Pasa un segundo, un siglo. “¿De dónde eres entonces?”, preguntan a continuación un tanto descolocados. “Pues de este sitio”. Un silencio, dos silencios. “Ahhh, vaya”, responde la mayoría un tanto descentrada.

En realidad todo esto es normal. Es sabido que el ser humano tiende a relacionar conceptos casi de manera automática (pura neurología) por lo que el nombre de España al vulgo internacional le suena siempre o casi siempre a fútbol, y por ende a Barça y Madrid. Yo también caigo en esta simplicidad cuestionadora y deportiva, cuando alguien me dice por ejemplo que es de Houston, “ah ¿de Houston?, Houston Rockets?”. Y así.

Pasa todo el rato. A pesar de que hoy en día hasta el tato tiene acceso a internet, lo cierto es que la realidad demuestra que la ignorancia y la llaneza siguen reinando a sus anchas.

Como toda la vida. Hasta el más pintado sí, puede hoy día acceder a toda la información que desee sobre el país que quiera: estadísticas, cartografía y mucho más. Pero a pesar de todos estos avances modernos, los estereotipos resisten las embestidas de la tecnología de manera heroica, épica, religiosa, admirable. Por eso Italia es solo arte y comida, Alemania seriedad y cerveza, Estados Unidos poder y comida basura, China es crecimiento y todos los árabes son muy malos. Ergo, España es fiesta y fútbol. Y para ser más concretos, España es Barcelona y Madrid. Si, también Barcelona, por más que les pese a los independentistas. Y es que a pesar de que los secesionistas están más fuertes que nunca, aún no pueden conseguir que el vulgo internacional los separe de España, ya que su enraizamiento en la península ibérica está entroncado dentro de los más sólidos cimientos estereotípicos. Al catalán se le supone un excelente bailador de sevillanas y otros agravios.

Efectivamente, dentro de todos estos caminos trillados, es normal que al nombrar España se mente al futbol: es lo más fácil para mantener una conversación que es al fin y al cabo de lo que se trata, ¿no?. Sin embargo, la cosa se complica cuando entra en juego el género femenino (laberinto insondable) donde la triquiñuela del deporte se puede atascar de manera aparatosa. “La verdad es que sigo mucho el fútbol”, dicen mirando mitad al suelo, mitad al perfil del preguntador, cuando le hablan de Messi. Entonces claro, uno no puede continuar preguntándole si cree que Stephen Curry es actualmente mejor que Lebron James, porque la fémina en cuestión adoptará un rostro abstracto (cuando no de terror) y por ello transmitirá una energía neutra, la magia se esfumará de manera irremediable y al cuestionador, sólo le podrá salvar el tiempo una vez más, “mucho calor hoy, ¿no?”, dirá desesperado para salvar la conversación. “Sí, mucho calor”, dirá ella, mirando a otro lado.

Volviendo a Madrid, Barcelona, Barcelona, Madrid, que quede claro que las dos ciudades me gustan mucho así como las gentes de Madrid y Cataluña.

Simplemente, que uno se cansa un poco de que lo cataloguen de catalán o madrileño cuando el área territorial en cuestión es España, casi como si se tratase de una dialéctica absoluta, rígida e incuestionable.

Y es que lo que no sabe la mayoría del vulgo internacional, es que España es un país diverso, compuesto por todo tipo de culturas y realidades. A ver si se entera de una vez el de Wisconsin y también el de Hamburgo.

Es decir, el que esto escribe, a pesar de las simpatías que puede tener con las ciudades nombradas, no tiene ningún interés en pertenecer a ellas. Es más, a uno le encanta el sitio donde le tocó nacer. No diré que estoy orgulloso de ello, de ese sitio, puesto que dicho adjetivo rezuma una cierta pestilencia excluyente, pero si muy contento. Me siento afortunado. Io detto.

Con todo, las perspectivas para que el mapa mental del vulgo internacional (incluido el mío) se amplíe y se refresque con nuevos conceptos, nuevas fronteras, son muy pesimistas. El Barça y el Madrid siguen arrasando y ocupando las portadas no sólo de los medios nacionales, sino de medios internacionales. Es por ello que al de Cuenca, Oviedo o Cercedilla le seguirán preguntando en Edimburgo que cuantos goles cree que va a marcar Messi este año o a si Iniesta le quedan muchos años en el fútbol. Que no se haga pues ilusiones el intelectual o cultureta hispano de que en alguna ciudad remota del mundo mundial, le pregunten por Cervantes o por Galdós; mentar a gente como Panero ya sería por supuesto escatológico. Aun así, el que esto escribe conoció no hace mucho por casualidad a una búlgara que había hecho una tesis doctoral de Ignacio Aldecoa, “y descubrí un nuevo mundo”, me dijo.

Siempre aparece un rayo de Sol.

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir, acompáñame. Más sobre mí

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