Reseña literaria de “El talento de los demás”, de Alberto Olmos (2) de (2)

Alberto-Olmos

Digamos también que El talento de los demás es una novela que apunta muchas maneras, que demuestra mucho trabajo y esfuerzo y además tiene la virtud de hacer pensar. El talento de los demás, es en definitiva una novela escrita por un escritor inteligente, Alberto Olmos, (supongo que los escritores son tipos inteligentes) cargada de muchos aciertos pero también de imprecisiones.

En otro orden de cosas, a los que hemos seguido la trayectoria de Olmos estos últimos años, nos da la sensación de que todas estas dudas lacerantes alrededor del concepto del talento tienen un claro sello autobiográfico. Ciertamente, talento y fama, parecían (¿y parecen?) dos obsesiones muy comunes del escritor segoviano, objetivos a los que tal vez pensaba, se llegaba antes con una hiperactividad literaria. En este sentido, es sencillamente admirable el ritmo productivo de Olmos, la cantidad de reseñas escritas, novelas y más textos que publica bajo un asombroso ritmo incombustible.

Al hilo de la fama y el talento, Olmos se caracterizó por escribir un blog muy popular,Lector Mal Herido, escrito con seudónimo (Juan Mal Herido) el cual publicaba crueles y sangrientas reseñas sobre centenares de libros y escritores.

Juan Mal Herido se caracterizó por ser un voraz crítico, cáustico y mordaz, cargado de humor negro y sin ningún tipo de recato. Este blog le proporcionó mucha popularidad a Olmos (posteriormente revelaría la verdadera autoría) y ayudó a animar sobremanera el aburrido panorama literario español.

Se hizo con un nombre. Merecido.

A pesar de todo, Olmos, durante un tiempo al menos, parecía más interesado en ser famoso que en convertirse en un escritor con todas las de la ley. ¿Quería ser famoso o ser escritor? ¿Quería ser escritor para ser famoso? De manera que Olmos resultaba más un escritor ruidoso que un escritor con mayúscula.

A pesar de todo, hay que decirlo ya: Alberto Olmos tiene talento, no cabe duda de ello. Como teórico, crítico y conocedor de la literatura, debe estar muy cerca de ser un maestro, como escritor, está claro que aún su gran obra no ha acabado de llegar. Sí, ninguna de sus obras publicadas hasta la fecha parecen haber llegado a ese nivel de escritor consolidado y superior. Tiene mucho tiempo para lograrlo. Además, Olmos ya puede dormir tranquilo porque su nombre ya forma parte de los anales de la literatura. El espacio a ocupar en la estantería de la gloria aún está por determinar.

Para finalizar, he seleccionado unas frases de El talento de los demás que me parecieron brillantes. Ahí van: “Algunas palabras primero te las dicen y luego, mucho más tarde, las escuchas”; “me di cuenta lo duro que es ser una persona normal. Es mucho más fácil ser un genio, incluso creerse un genio”; “la vida era absurda, entonces. Levantarse por la mañana suponía el primer error.

Cosas absurdas. Desayunar, abrir puertas, unos pasos, buenos días, palabras. Respirar era la más absurda de las actividades”; “temblaba ante la posibilidad de estar dejando en cada escalón un gramo de talento, un jirón de gracia”; “el patio del colegio se llenó de alumnos solitarios, simulando un secreto. La cara de moda fue la cara de haber triunfado y no tener nada que decir sobre el tema”.

“Volvía a casa agotado de mí mismo. La relación con mi pasado se parecía mucho a la que tendrían los miembros de un grupo musical cuyo vocalista hubiera muerto”

“la psicología, la televisión y los libros de autoayuda usufructuaban este fracaso colectivo de no saber para que vale cada uno”; “mi madre, que se había perdido minuto y medio de inestimable nada televisiva”; “un escritor es el que da la luz, un lector el que la ve y un crítico literario el que la apaga”; “mi cara es mejor actor que yo, ella sola”; “a veces se me pone el cerebro a hacer el pino y pienso cosas raras como esta”; “como cuando a uno le cortan la entrada en el cine: sin mirarme”; “después de diez novelas ya he comprendido que lo principal es el orden.

Y no el orden de la novela, ese esfuerzo porque la estructura sea equilibrada, sino el orden de todo lo que rodea a la novela. Yo mismo para empezar. Antes de escribir, tengo que estar perfectamente vestido”; “tenía una mano fría y la otra caliente: o yo cada cacho del culo de un calor: ¡no sé!”; “él quería saber cómo habías llegado a ser lo que eras, esa nulidad luminosa”; “regla número uno para empezar a escribir una novela: olvídate de la realidad, la literatura es exageración”; “el sueño de la superioridad”; “en realidad escribimos para joder a los demás y para joder entre nosotros”; “la pared es naranja y el vaso va lleno de zumo de naranja, el vaso pone la pared en tu mano, un tabique de zumo de naranja, los otros juegan, hablan…”; “te estiras con los dedos las bolsas de debajo de los ojos, es como arremangarse la vista…”; “el humo abandona su boca en orden alfabético”; “a la posteridad sólo pasa el talento y el delito”.

“Te has desenfundado el cuerpo, esa serpiente, caminas dejándote atrás a cada paso, en algún momento puede que te topes contigo mismo”; “el japonés hace su habitual ruido-no ruido”; “por qué no es posible levantar aduanas para las palabras y dejar pasar sólo aquellas que no van armadas…”; “se creen que perder es fácil”; “porque tú ni siquiera tienes un argumento que oponer, aterran todas esas palabras ajenas buscando su sombra en tu cerebro, buscando su media verdad, su consagración”; “llegó una chica con coletas a la que solo le faltaba una esquina para estar en su salsa”; “el caso es que siempre suena música diferente sobre los mismos cortos y que el mismo corto es distinto con una canción que con otra. Si suena una balada, la historia de Charlot es triste; si suena Iron Maiden, bueno, Charlot es casi un terrorista”; “me pregunté por qué alguien, en lugar de vivir, se dedica a escribir novelas.

Y, finalmente, me pregunté por qué alguien cree que debe hacerlo”.

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir, acompáñame. Más sobre mí

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