Admiración por la gente

Gente

Es increíble lo inteligente que es la peña. Este fin de semana sin ir más lejos, estuve en una boda. La mayoría de los invitados, especialmente los jóvenes eran licenciados. Abogados, economistas, arquitectos, ingenieros etc. Otros, habían sacado alguna oposición de inspector fiscal o algo por el estilo. Muchos de ellos, eran gente “viajada”: Londres, Bruselas, USA

Sus padres no se quedaban atrás. Casi todos ellos adinerados y respetados en sus profesiones. Otros se dedican a destacar en otros ámbitos: músicos, actores, pintores etc. Nadie se queda atrás. Todo el mundo sale para adelante. Todos se buscan la vida.

Porque esa es otra. Aquellas personas que algún día sufrieron una depresión, una operación delicada o cualquier desgracia, salen al cabo de un tiempo hacia delante con la cabeza levantada, con energía, con ganas de comerse el mundo. Es increíble lo fuerte que es el ser humano.

Todo el mundo sale para adelante, nadie se quiere quedar atrás. Doctores, profesores, coches, aprovechamiento del tiempo libre, adquisición de las últimas novedades tecnológicas, informados de todo tipo de ofertas, van al gimnasio, pagan alquileres bajos, el banco no les roba. Es increíble lo preparada que está la gente. Es alucinante la fuerza de la peña para salir hacia delante.

Son sólo algunos pocos, una minoría minoría, la que no puede seguir el ritmo y un día, acaba quitándose la vida. Los demás, el 99% restante camina para adelante. Nadie se queda atrás. Todo el mundo tiene planes, toda la peña está embarcada en algo, proyectos por un tubo.

Yo, que muchas veces he dicho que hay mayoría de imbéciles, a veces, me quedo sorprendido por la gente. Quizás eso sea otro tema, lo de imbéciles. Sí, seguramente estemos hablando de dos cosas diferentes. Lo que yo echo de menos tal vez, es más originalidad, más arte, más desviación del camino fácil y conocido. Que 2 más 2 te den 5. Hablo de cosas nuevas, diferentes, de hacer algo fuera de la norma. Pero eso es otro tema como dije antes.

Lo que se refleja en las calles y vayas donde vayas, es el éxito aplastante de la sociedad capitalista. Ha sido ella la que nos ha obligado a despertarnos, a desplegar todas nuestras potencialidades profesionales y tal vez artísticas. La que nos presiona para ser alguien, la que siempre levanta una meta para que todos corramos a atravesarla. Todo lo demás es acomodamiento, parálisis.

Algunos, muchos de hecho, qué coño, ¡la mayoría! no atraviesa la meta. O cree no atravesarla nunca. La mayoría se siente frustrada porque dentro de esta utopía consumista y del logro, la mayoría de la peña siente que está fracasando casi diariamente. Siempre hay alguien que tiene un coche mejor que tú, siempre se pierde a algo, siempre hay alguien que se fue más lejos que tú, que hizo algo antes que tú, o en menos tiempo.

En este mismo instante que lees estas líneas, hay millones de personas, tú y yo entre ellos, que no paran de maquinar y trabajar para conseguir algo. Nadie quiere quedarse atrás, y sin embargo la sensación interior colectiva es de insatisfacción. Siempre se puede ganar más dinero.

Pero el ser humano no descansa. Aquellos competidores que parecieron quedarse en el camino, resurgen cuando menos te lo esperas con nuevos escenarios de competitividad. Tú, uno que no quiere quedarse atrás, se tira de cabeza al nuevo teatro, picado y tratando de evitar que la sensación de fracaso le golpee por la noche. Nos tiramos de cabeza a competir, a ganar. Pero siempre se abren nuevos frentes, nuevas luchas, nuevas competiciones. Y así sucesivamente.

Quizás todo esté mejor hecho de lo que pensamos. La vida es la mejor novela porque siempre tiene trama, acción, algo por resolver, algo por conquistar. Sólo algunos, tal vez Sartre o la abuela de Orhan Pamuk se dieron cuenta de que la vida es absurda. Pero parece que el camino de lo absurdo es el único que nos mantiene despiertos. Todo lo demás sería plantarte en frente de un televisor y levantarte a las 12.

Idiotas todos, nos creemos muy listos, especialmente los progres de izquierda o los intelectualoides, que creen (creemos) conocer todas las claves de la vida, de poseer todas las llaves que abren todas las puertas del conocimiento.

Al final, como casi siempre, es un borracho un martes por la noche, o un paleto, los que te dan la clave, o al menos una respuesta en ese momento.

Nadie es mejor que nadie al parecer, y siempre hay otro camino por recorrer, un libro por leer, un país por visitar, un sueño que realizar, unos millones por ganar, una mujer por conquistar. Admiración por la gente iba a decir, pero más que nada admiración por el arquitecto, ideólogo y organizador de este laberinto o autopista, depende, llamada vida. Chapeau.

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir, acompáñame. Más sobre mí

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