Necesidad del progre gilipollas

El ego se reduce casi a cenizas cuando te acercas a la obra de Benito Pérez Galdós. Recordando la prolijidad de la obra del canario, he agarrado ahora de mi biblioteca un ejemplar de Misericordia. He acariciado el libro, acariciar un libro… He querido sentir aunque fuera un ligero vahído del aliento del canario. Y luego he leído, “Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián…mejor será decir la iglesia…dos caras que seguramente son más graciosas que bonitas…”.

El ego es casi una alimaña que se escurre por la primera posibilidad transitable cuando abres cualquiera de los Episodios Nacionales y te encuentras con una obra gigantesca plagada de letras y palabras minúsculas llenando y esparciéndose a través de hojas y hojas. De hojas y hojas marcadas por la precisión, la elección justa del adjetivo, la sabiduría de un paseante, el trabajo colosal de una bestia de la literatura”. Ave, Don Benito.

Empequeñecido aún por el ciclón galdosiano, he visto a las pocas horas el telediario. ¿Existirá otra forma de decir ‘he visto’ en español? Lo digo porque en inglés lo correcto sería decir I watched, pero se podría llegar a decir I saw, but…en español parece que sólo hay un camino. Y visionando el telediario me he encontrado una vez más con el semblante opusino de Ana Blanco, he echado de menos a su sustituta vacacional, la sexy Susana y luego he puesto la 2 porque estoy harto de escuchar desgracias después de comer.

Es algo que siempre he pensado. He pensado que siempre que se emita una mala noticia, acto seguido debería informarse toda una retahíla de buenas nuevas relacionadas con el mismo género de la desgracia. Verbigracia, “67 muertos en las carreteras españolas este fin de semana”. Pues bien, a continuación Susana, mi Susana diría, “y 24 millones de españoles han regresado a sus hogares sanos y salvos durante este puente”.

“En España se han registrado este año (por poner una cifra) 12 000 fallecidos relacionados con el alcoholismo”. Y Susana diría, “a lo largo de 2010, 20 millones de españoles han disfrutado del fin de semana bebiendo alegremente”. Cosas así.

Pero no. No hay manera. Siempre la desgracia es protagonista. Siempre el mal rollo se acaba imponiendo. Puedes comprobarlo tú mismo abriendo cualquier novela. La mayoría de las veces, tus dedos te llevarán a un pasaje donde se esté describiendo una situación amarga, un trasfondo melancólico, un conflicto.

El conflicto, ya lo dice Ramoneda en su magnífico libro, Después de la Pasión Política, es un elemento casi necesario. Es un fenómeno intrínseco al progreso. La paz al parecer, es aburrida, necesitamos problemas.

Pero la preponderancia del mensaje negativo en los telediarios, y también en las novelas, está relacionado desde mi punto de vista con la muerte. Con el temor a la muerte. He ahí al trasfondo, el origen, el secretillo. Al ser humano le horroriza la muerte. Le fascina la muerte. La muerte es esa gran desconocida a la que los bípedos nos acercamos con un respeto reverencial.

Por eso Ana Blanco (y no Susana, mierda) te dirá que este año han aumentado en España los casos de cáncer de mama, o los muertos por tabaquismo etc. Rendimos a la muerte. Sólo al llegar al apartado cultural (donde se hablará de películas que honrarán a la muerte) y ya por fin en los deportes (donde dos equipos metaforizarán una batalla cruenta donde uno tratará de matar a otro) nos relajaremos y podremos saborear el puto café. Eso es así.

Por otro lado, un día hablé aquí de los dos pájaros que día si y día si me joden el sueño. Hoy, al entrar en las instalaciones de un Puerto deportivo, he escuchado ese gorjeo, uno de ellos, el de las inflexiones intermitentes, y he visto a una tórtola. Por tanto, es posible que el segundo pájaro sea una simple tórtola. Sí, gris y con manchas negras como había imaginado. Una más de las que hay por aquí ¿cómo no pude darme cuenta? ¿cómo es posible que todavía no haya reconocido el gorjeo de las tórtolas? Oh, cielos qué horror.

Pero amigos, ¿qué es ser bueno y ser malo en esta vida? Vosotros, putos lectores, estáis influenciando por la moral occidental, hipócrita en muchas ocasiones donde se diferencia de una manera más o menos clara a los malos de los buenos. El asesino y el asesinado. Por ejemplo. Pero en realidad no deja de ser una construcción de valores subjetiva, etnocéntrica, hereditaria y con un gran peso de la religión y su guardiana, la conciencia como marcos vigilantes. Por eso Julián Muñoz es un chorizo y Manuel Vicent es un escritor respetable, bueno.

De Vicent me gustan sus reportajes sobre escritores, de Julián Muñoz me gusta su horterismo que saca mis dientes a relucir. ¿Cuál es la diferencia? La diferencia elemental desde un punto de vista ético, es que uno ha robado y el otro no. Pero, ¿es robar malo? ¿Por qué? ¿Porque le quitas algo al de al lado? ¿Y por qué quitarle algo al de al lado es malo?

En realidad, llegando a un acuerdo contigo puto lector, si bueno es el bueno, y malo es el que roba y tal, he decir que el progre (a veces gilipollas) creo que es necesario.

Porque muchas veces esta gente (en los que podría incluirme yo mismo) nos dan lecciones de moralidad, nos ofrecen toda una serie de propuestas, atacan al ‘malo’, defienden al ‘bueno’, no suelen robar y en ocasiones son hasta guapos.

Sí, esta manada de guays, al parecer, son necesarios. Porque aparte de su arrogancia, y sí intolerancia congénita, transmiten unos mensajes y unas ideas que a largo plazo acabarán por mejorar a la sociedad. Sí no nadie, los diría. Ellos serán unos envidiosos, celosos, no querrán que nadie les haga sombra, querrán ser los héroes, tratarán muchos de cobrar hasta por estornudar, pero luego se meten con el malo, aunque ellos defienden al bueno, que en realidad lo que es, es poderoso.

¿Alguien sabe si esta actitud progre de héroe cara a la sociedad, cometiendo a su vez ‘pequeños pecados’ en su intimidad está tipificada en algún código ya sea penal o civil o más importante aún moral? Ese es el verdadero debate, la verdadera redada.

Y claro, los matices, como siempre. Que bueno que exista de verdad gente estupenda.

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir, acompáñame. Más sobre mí

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