‘La falsedad de una exclamación’

falsedad

Entra Septiembre con sus uñas heladas, anochece para bajar el telón de los ánimos, siga leyendo por favor, la calma como síntoma nervioso y se siguen enviando miles, millones de e-mails, mensajitos de Facebook etc. la mayoría de ellos encabezados o despedidos por una exclamación, Hola Juan!!! Ana!!!! ¡Cómo estás! ¡Abrazos!

Y yo, obviamente, hago lo mismo. Inundado de melancolía, ansioso de novedades, el movimiento, me dirijo al personal a través de unas exclamaciones que no siento, me despido con una euforia que no cuelga de mi cuello en estos momentos. El optimismo es una dictadura como otra cualquiera, como el sueño, como el hambre.

El optimismo en esto que llaman sociedad de hoy y todo eso, ha de ser la bandera, escudo protector, signo externo de todo aquel que quiera caminar sin ser derribado. No se admite la tristeza, los bajones, el vacío. Todos estamos, debemos estar de putamadre. Hola!!!!

En realidad, uno descubre que esta ‘hipocresía’ (que tampoco es del todo una hipocresía siempre) es necesaria. Depri. Mente supongo sería que alguien, a más inri, alguien con el que no se hubiese estrechado una relación del todo cercana, encabezase un e-mail con un, “Buf, qué mal día hace hoy”.

Aunque podría ser una nueva manera de empezar los e-mails, “Buf, qué mal día hace hoy” o un más original, “menuda mierda de día, buenos días”. O en lugar de Hola!!! poner un “Aquí nunca pasa una puta mierda!!!!”, “Quiero emociones ya joder!!!!”, “Quiero un buen trabajo!!!!” Bueno, son algunas ideas.

Y como probablemente no quiera elaborar ninguna teoría coherente con este post, y ahora no sé lo que iba a decir: estoy tomando unas pastillas para la espalda que hacen que pierda alguna facultad que otra, ‘hola!!!!”. Porque esa es otra, (vaya, ya ha entrado mi perrita en mi cuarto y me siento mucho mejor) lo que no es justo es la discriminación que está sufriendo la primera de las exclamaciones, la “¡”, o el primer signo de interrogación, “¿”, en beneficio del “!” y del “?”. La pobre, ‘¡’ que no sé si se llama de alguna manera, está siendo claramente apartada, seguramente por la influencia anglosajona que ignora el principio de la efusividad, el comienzo de la cuestión. Y también el mundo de los móviles y de los e-mails que hacen que la gente escriba como trogloditas.

Pero decía, creo que decía, que al final uno más o menos va entendiendo algunas cosas. Supongo que es mucho más agradable (y esto lo he comprobado) vivir, respirar, en una ligera hipocresía, un liviano teatro, un responder “muy bien” a un “¿Cómo estás?”, un encabezar un e-mail con un “Hey!!!”, aunque se nos salten las lágrimas cuando estemos presionando las glaciales teclas, la espantosa frialdad de la pantalla, Internet es un hielo sin gracia.

Así que nos despedimos con un “¡¡abrazos!!”, y acto seguido suspiramos y deseamos que pase algo grande, emocionante, de una vez. Tocar.

Es mejor vivir en una ligera hipocresía, reitero. Es mejor que la “dictadura” del optimismo, la inquebrantable dureza humana nietzscheana domine nuestros ambientes, supongo. Pero fíjate que a mí “me gusta” cuando alguien me dice que está mal, que no se encuentra bien. Lo encuentro ¡más humano!, ¡más real!, en serio.

Me gusta también, lógicamente cuando alguien está bien de verdad y me lo dice, pero cuando alguien está jodido necesita sobre todo que lo escuchen, que lo escuchen, no que le rebatan la cantidad de probablemente sinrazones que va a soltar por esa boquita, sino que le dejen rajar. Y a mí me gusta escuchar y que me escuchen. Como a ti. Cagarse en todo de vez en cuando, es muy saludable. Cagarse en el mundo de vez en cuando, es higiene, tirar de la cadena, y volvemos a empezar y aquí no pasa nada.

Aún recuerdo en la estación de Atocha cuando me dirigí allí a comprar un billete de tren para irme al sur. “Hola, ¿Cómo está?”, le dije al encargado. “Así, así”, me dijo él, nivelando la mano. Creo que era la primera vez que un desconocido me respondía de esa manera, tan sincera, y no pude evitar reírme. Claro que yo tenía prisa, yo también soy un cerdo, claro que no me apetecía escuchar el motivo de sus pesares, pero aquel toque de originalidad le añadió una pizquita de verdad a aquel día y mi sonrisa le provocó también una sonrisa. Ves, – y – hacen +.

No somos piedras, supongo, tal vez Internet sea una piedra, pero nosotros no lo somos. ¡No lo somos, hola!!!! Y al final, bueno, ayer sin ir más lejos cuando le escribía un e-mail a una amiga rumana con ese biorritmo tristón que a veces me inunda y encabezaba mi correo con un Hey!!! pensé que quizás, probablemente uno tenga que ser optimista, pensar positivamente, proyectar un presente y un futuro favorable…

Pero, ¡ay los peros! cuando ves que la realidad a posteriori, va a ser más o menos lo que le da la gana, uno, yo, se, me, canso de decirme todas las mañanas, vamos, podemos, venga, se puede, adelante y todo eso.

Pero eso no significa que me refugie en la depresión, tan encantadora a veces, por cierto, ¡no! sino que uno descubre que más que optimista, uno tiene que hacer las cosas y punto. Eso es todo, hacerlas. Miremos a la cantidad de pesimistas triunfadores, con su mensaje cafre, ahí, vivitos y coleando, durando, durando, ¿Por qué? Porque no se paran, no se frenan. Esa es la clave: no pararse nunca.

Así, amigos, ¡amigas! descubrí, he descubierto que más allá del optimismo, de la mente positiva y todo eso, que es muy importante, más allá, tal vez se halle el automatismo. Ah, palabra clave esta: automatismo. Eso que hace el 99.6% de la población a diario: levantarse por la mañana y ponerse en marcha sin una idea de la vida del todo definida, sin grandes aspiraciones probablemente, pero poniéndose en marcha, actuando, provocando un cambio social lento y silencioso.

Por ello, a los optimistas escarmentados sólo nos queda el automatismo: hemos perdido bastante de euforia, nos cuesta esgrimir las risas colgates y como un muñequito al que alguien diese cuerda, simplemente nos ponemos en marcha cada mañana para lograr nuestros objetivos. Moviéndonos ya por costumbre, sin alardes, casi sin ruido, tristones muchas veces, pero en movimiento. Ya lo dijeron los árabes, quien se para, ¡pierde! Quien se mueve, ¡gana!

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir, acompáñame. Más sobre mí

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