Hacer saltar todo por los aires de una vez

Tesis: Empiezo a pensar que vivimos en un mundo inabarcable para el ser humano. Un mundo cuyos códigos y variantes son demasiado numerosos para el ciudadano de a mano. Antítesis: También pienso que en realidad, el ser humano tal vez pueda alcanzar esa cota de iluminación total de la que hablan los maestros espirituales. Síntesis: es posible llegar pero se requiere ser constante. Nada más y nada menos.

Mientras tanto, muchos seres humanos tratan de explicarse cada día su existencia, tratan de entender de qué va todo esto.

La mayoría ni se lo pregunta, pero otros tratan de alcanzar un grado de claridad, de luz, pero acaban un tanto confundidos entre tanto mensaje, tanto libro, tanto aforismo, cuando al parecer podría ser tan fácil eso de ser feliz.

¿Será tan increíble eso de ser feliz?. La verdad, ya digo es tan inmensa que sólo unos pocos la alcanzan, todo lo demás es confusión, contradicción, avances, retrocesos, poca constancia.

Te digo: los que tenemos una cabeza compleja, también queremos ser felices. Y se nos ha dicho por ahí, en algún libro, en alguna sesión que ya no es necesario ni positivar la mente, sino más bien hacerla callar, no dejar que te invada un espacio y un poder que va más allá del poder mente. Por tanto es importante no entrar en el lío, en la provocación. Ando estos días, sí, en un estado mental o espiritual relativamente apacible, intentando concentrarme en el momento puesto que se me ha dicho que ahí está la magia.

No es una mujer me dicen, la que me salvará, sino yo mismo. No es una rubia con ojos azules la que me dará ganas de levantarme todos los días, me dicen, sino el descubrimiento interior. No es el gilipollas de la ventanilla, el idiota de la esquina el que me está molestando, me dicen, sino yo mismo por mi forma de tomármelo. Vale, aceptamos a mi mismo como animal de compañía. En eso estoy ¡¡¡lo juro!!!

Ocurre que como buen yonki enganchado muchos años al cerebro lacerante, tengo mis recaídas. Por eso, me dieron ganas de hostiar a una persona hoy, sin ir más lejos. Dejémonos de detalles que dentro de unos días, unas semanas (esto también lo sabemos ¿verdad?. Y, sin embargo, nos regodeamos en el suceso) no tendrán mucha importancia. Pero a veces, ciertas reacciones son tan injustas, inverosímiles y hasta risibles que dan ganas de sacar una recortada y empezar a pegar tiros. Bueno, primero dar un par de buenas hostias. Te cuento un poco. Imagínate que se abre un concurso sobre la honradez y sólo hay dos candidatos.

Tú y Berlusconi. Gana este último, y el evaluador te dice que ha sido completamente objetivo. Algo así. Aburre ser el bueno todo el rato, el legal, el honrado, tener personalidad. Te vas tío, alejando, alejando, alejando y tu mismo vas observando como tu contorno se desarrolla en la soledad más absoluta para (espero) convertirte en ese (espero) ser iluminado. ¿Podría ser posible matar a alguien y luego resucitarlo cuando se te pase el cabreo? Espero llegar a ese estado donde me encuentre con mi ser.

Mientras tanto, discúlpenme las reincidencias y las ganas de cagarme de vez en cuando en este mundo, donde la belleza es tan grande, tan colosal, tan sublime, tan sutil, que nada ni nadie puede acabar con ella.

Y entonces empiezas a ver la cantidad de mierdillas que deambulan por todos lados, la cantidad de falsedad, de residuos y de porquería que rula por ahí. Sólo te fijas en eso y no recalas en las dosis de fortuna. En la estética real. Ocurre que tenemos nuestros momentos, nuestros prontos, ¿no? De ahí que como me decía una amiga preciosa el otro día, por mucho que Osho nos diga que eso es parte de nuestro camino, no podemos decir, “coño, sí, será parte de mi camino, pero vaya putada”. Y luego nos levantamos y seguimos.

Y yo que sé, se me pasan por la cabeza una cantidad de caraduras tremenda, muchas putas, algunos chulos, una carretera vacía, norteamericanos enanos, un libanés engominado, un mujer de pelo blanco muy energética y a mí, sentado en una silla de terciopelo diciéndome, “Carlos, paciencia, Carlos, paciencia, eres esa persona especial, este es el camino, fíjate en ese vaso, brilla, fíjate en la peluca de esa africana, hay magia”. Todo eso.

Y ahora que una amiga me acaba de enviar un mensaje invitándome para quedar el viernes, me relajo bastante y me alegro aunque sea por un instante ¿todo se puede arreglar con un beso? ¿una mamada? (disculpen) Dicen los que saben que no, que eso es dependencia, vivir de mendrugos fugaces de felicidad, así que va a ser verdad lo que me dijeron hace poco en la sesión: estamos mal programados. Nos han programado para que nos empalmemos (disculpen) con esa tía de las tetas, pero en realidad deberíamos derretirnos también (¿está bien elegido el adverbio también?) con los claveles al amanecer, las patas de una silla de ébano, las llantas de los coches, los bolígrafos, unas caries. No se rían por favor (no creo que se hayan reído) no trato de ser irónico, gracioso o ir de listillo, trato de comprender y de ganarme de paciencia. Y trato de ser feliz. Básicamente.

Porque repito, la felicidad (que ya me está cansando su informidad, su regate letal) dice que se alcanza así, apreciando las pequeñas cosas, las mismas teclas que ahora mismo estoy posando. Ese dicen que es el camino. Por eso, pido que se me dote de mucha paciencia, de mucha constancia, y no se me haga pensar en escopetas, AK47 y otros caminos oscuros, porque en realidad estos caminos oscuros no pueden compararse con la iluminación. Y ahí vamos.

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir, acompáñame. Más sobre mí

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