“¿OBRA DE ARTE O LADRILLO?”. Reseña literaria de LA GRANDE de Juan José Sáer.

Saer

Como visitar Corea del Norte o fumar por primera vez. Leer La grande, leer a Juan José Sáer constituye toda una experiencia que no resulta fácil de olvidar. A años luz del escritor corriente y normal, el escritor argentino escarba en las raíces del ser y de la vida armado de un estilo inconfundible, de erudición y de una capacidad de disección a ratos asombrosa.

La grande, es una novela que nos habla de la vida, del acontecer, de los entresijos del ser humano, ese bicho tan raro. En realidad no hay una trama definida, un plan, unas claras intenciones, más bien pervive el discurrir de una cotidianeidad que nos arroja personajes variopintos al escenario de eso llamado vida. Historia coral, nos encontramos con Gutiérrez, hombre misterioso que regresa a Argentina después de haber vivido muchos años en Europa, de donde vuelve desencantado por las ambiciones y el capitalismo rampante que destila el viejo continente. Gutiérrez regresará a su patria tal y como se fue: sin avisar, sin dar explicaciones.

En su regreso se cruzará con Nula, un joven filósofo de espíritu, que debe sin embargo vender vino para salir adelante. Posee Nula un marcado gen mujeriego, totalmente compatible con su rol de buen marido y excelente padre, variables todas que no lo liberan de su innata naturaleza filosófica que lo acompaña en cada movimiento, en cada pensamiento, como una uña o un pelo.

Nula ve una vez a una mujer de rojo por la calle de nombre Lucía, nacida para enloquecer y confundir al género masculino. Now we are talking. Es el amor platónico de Nula por un tiempo, hasta que comprende que ha sido diseñada para encajar con su varonil y frívolo marido.

Dentro del círculo, tenemos también a Brando, líder de un extraño movimiento literario denominado Los precisionistas que parece aspirar a bastante más que dejar una mera impronta literaria para adentrarse en el mundo del beneficio y de la influencia. El pragmático de Brando, su falta de escrúpulos, en muchas ocasiones chocará frontalmente con otros personajes más anclados en la bohemia y el idealismo escarmentado como Tomatis.

Todos ellos girarán en torno a un devenir marcado por el regreso misterioso de Gutiérrez, la imposible relación entre Nula y Lucía, la urticaria generada aún por los recuerdos del precisionismo y su jefe Brando, que parecen quedarse no obstante en nimiedades cuando entra en juego la turbiedad de la dictadura militar argentina.

Y así van conduciéndose los personajes, bajo el embrague de un Sáer que aminora la marcha en cada rincón para dotar de filosofía y sapiencia a unas páginas anestesiadas por un ritmo profundo, denso, seguramente mágico. Hablamos de un estilo puramente saeriano pero que hace recordar a ratos a Proust por sus barrocas descripciones, a Borges por la inmersión en la estética del pensamiento, a Faulkner por la invención de lugar, a Balzac por su omnicomprensión e incluso a Muñoz Molina por su densidad bien entendida.

Con repuntes de ensayo también, la lectura de La grande hace pensar en una especie de “filosofía literaturalizada”, y es que pareciera que tarde o temprano todos los personajes se revelan como medio filósofos (algo muy argentino probablemente) lo que se une a un ya denso narrador que diserta casi siempre a través de párrafos larguísimos, super descriptivos, llenos de adjetivos y también de sabiduría. Hay física, hay química, y hay sobre todo una hegemonía de la introspección que antepone la reflexión y el rizar el rizo, a la acción, al dinamismo físico.

Llamada a la paciencia. Hay recompensa como un buen puñado de frases memorables cargadas de belleza literaria, vital.Pero precisamente, este estilo viscoso puede hacer que muchos lectores se pierdan cuando no se aburran en un marasmo de letras que juegan a ser obra de arte, pero que tal vez se escurran en el cemento de un ladrillo valorizable, sin saber muy bien de qué lado cae la balanza.

Para el lector español tipo, seguramente Sáer “es un pesado” y por ello muchos de ellos no podrían leer entera La grande ni en sus peores sueños. A esta clase de lector, el libro le puede parecer, y no sin cierta razón, un rollo de padre y señor mío, y llegarán a denunciar ante la policía o los tribunales de primera instancia la ausencia de dinamismo del mismo.

Asimismo al lector exigente tal vez le sepa a poco al final la figura de Gutiérrez, quién parece quedarse en un momento dado como descolgado. Ese lector se quedará con ganas de saber más de ese hombre que “ha venido no a recuperar un mundo perdido, sino a considerarlo de otra manera”. Bueno, al menos sabemos que el amor jugó un papel importante en su huida y en su regreso, claro. Quién sabe por otro lado si Gutiérrez refiere de alguna manera más o menos directa al mismo Juan José Sáer, harto tal vez de los europeos (de los que tenía altas expectativas) pero en el fondo seguramente queriendo ser uno de ellos.

Sea como fuere, Gutiérrez parecer ser engullido por Nula (que es también Saer porque es nieto de árabes como él), al igual que Sancho Panza según muchos, se come al Quijote en la segunda parte. Al final es efectivamente él Nula, el que lleva el peso visible de la historia, con su filosofía, con su vino, con su estilo; un Nula que no puede caerte mal, a pesar de alguna chulería que otra (¿también muy argentino esto o no?).

En cuanto a Lucía, todo hombre ha conocido o debe haber conocido a una Lucía. Suelen estar por ahí. Se requiere mercromina, limován, tiempo. Y ya está. De Brando, se palpan sus branquias aguerridas, tal vez con un fondillo romántico que nunca llega a pedir paso por timidez o pereza.

Escrito a modo de un diario semanal que se inicia un martes, La Grande, Juan José Sáer, obliga a leer super concentrado, sin la mínima oportunidad de ignorar la intensidad de sus letras, so pena de perderse la vida. Juega Sáer con un narrador en tercera persona que vacila con la segunda y hasta en alguna que otra ocasión, con la primera.

Juan José Sáer nació en Santa Fe, Argentina en 1937 y murió en París en 2005. Después de haber sido ignorado durante gran parte de su vida literaria, hoy en día es considerado uno de los escritores más relevantes de la literatura latinoamericana y en español del siglo XX. Tres de sus novelas, entre las que se encuentra La grande, fue considerada en 2007 por diferentes escritores y críticos como de los 100 mejores libros escritos en lengua castellana de los últimos 25 años.

Afincado en París durante gran parte de su carrera literaria, escribió siempre con un cierto sentido de desarraigo, necesario por otro lado para crear un estilo propio y diferente que lo han aupado al olimpo de la literatura mayor.

¿Y tú lector? ¿Has leído a Juan José Sáer? ¿Qué te pareció?

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir, acompáñame. Más sobre mí

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