Reseña literaria de “LIMÓNOV” de Emmanuel Carrère (2) de (4). “Iros todos a tomar por culo”

Limonov

A pesar de los palos que recibe, los sueños de Limonov de convertirse en célebre permanecen intactos y se reavivarán cuando en un cóctel que tiene lugar en una mansión, conocerá a Linda que vendrá a ser el ama de llaves.

Por un tiempo, Eduard pensaba que se había ligado a una rica heredera y le decepciona bastante descubrir que en realidad se trata de la sirvienta. Linda es más bien fea, realmente no le gusta, pero le da calor y compañía en una ciudad despiadada. Pero el ama de llaves acabará dejándolo también por un garrulo norteamericano.

Limónov vuelve a estar solo y además sus intentos de que algún editor le publique uno de los libros que ya ha terminado, resultan un fracaso principalmente debido a la violencia y agresividad de éstos (“iros todos a tomar por culo”, reza el último párrafo de su primer libro).

Pero no todo es mala suerte. Resulta que Limónov le caía bien al dueño de la mansión, Steve, que viene a ser el jefe de Linda y por un tiempo puede seguir trabajando en la casa. Además, gracias al propio Steve conseguirá tener más contactos en el mundo editorial.

Cansado al cabo de un tiempo de la experiencia neoyorquina, acabará recalando en París. En la ciudad de la luz se busca la vida como lleva haciendo desde siempre. Sus ganas de pertenecer a alguna banda, hace que acabe formando parte de un grupo de escritores malditos franceses que acepta tanto a miembros de la extrema derecha como de la izquierda radical. De lo que se trata es de ser extremo, tremendamente apasionado, polémico.

Jean-Édern Hallier, el líder de estos escritores malditos, le publicará por fin un libro al que decide titular polémicamente, El poeta ruso prefiere a los negrazos, aprovechando el tirón mediático que los devaneos sexuales de Limónov podrían tener. Es así como poco a poco Limónov se irá ganando la vida como escritor, aunque sus ingresos son muy bajos, obligándolo a seguir llevando una vida humilde.

La nueva mujer de su vida se llama Natasha, de nuevo una mujer muy atractiva como Elena, pero también como ésta acuciada por una personalidad voluble que la conduce irremediablemente al alcoholismo y también a la ninfomanía.

Al mismo tiempo, Limónov se interesa cada vez más por la política y concretamente por la de su país. Rusia y todo el mundo vive tiempos revueltos con la aparición en escena de Gorbachov y la subsiguiente caída del bloque socialista. En una de sus visitas a Rusia, Limónov ve de primera mano lo que está pasando en el país, el surgimiento de las mafias criminales, los nuevos ricos que surgen al calor del dinero negro del petróleo.

Es por ello que no tarda en sentir asco por el nuevo orden establecido. A pesar de que Limónov no era simpatizante del régimen soviético (al menos de manera explícita) la nueva situación “capitalista” no le gusta nada y siente que prefería el anterior régimen, el imperio, e incluso a Stalin.

Limónov quiere hacer algo, lo que sea, y de pronto se involucra en las Guerras de las Balcanes que han estallado durante esas fechas. Como era de esperar, se decanta del lado serbio y acepta una invitación a visitar una Vukovar en ruinas después de presentar uno de sus libros en Belgrado. La experiencia resulta ser fascinante.

En otro momento, acompaña al frente serbio en las montañas que rodean Sarajevo. Se trata de un frente comandado por Radovan Karadzic. Todo ello aparecerá más tarde en el documental Serbian Epics. En medio de la visita a las montañas, a Limónov le invitan a utilizar una ametralladora que apunta a Sarajevo. Limónov no se lo piensa dos veces y dispara repetidas veces.

Hay un antes y un después de esa imagen. En París, donde estaba muy mimado por todos esos intelectuales encantados de tener un gamberro y un aventurero entre sus filas, lo empiezan a ver como un criminal. Con el tiempo, circularán varias versiones sobre el acto en cuestión. Al parecer y según por ejemplo el propio Carrère, la toma está manipulada por el director Pawel Pawlikowski, que hace creer de manera deliberada que Sarajevo estaba más cerca de lo que en realidad se encontraba. El propio Limónov dice que disparó al vacío y que su intención nunca fue apuntar a personas.

A pesar de todo, Limónov volverá a los Balcanes y esta vez se aproximará incluso más al frente de batalla, concretamente a la república serbia de Krajina. Por ahí se encuentra con su amigo Arkan, conocido criminal serbio que acabará siendo asesinado unos años después. Poco después, el periplo de Limónov en los Balcanes llega a su fin y el controvertido escritor acabará formando un partido político en Rusia, el Partido Bolchevique.

Antes ha conocido al filósofo Alex Duguin un hombre cuya extraordinaria erudición deja fascinado a Limónov. El hecho de que Duguin no tenga reparos en autocalificarse como un fascista, no es un problema para Limónov, ya que él es un poco de todo y le gusta moverse en los extremos y la “verdad total”.

Duguin y Limónov montarán el partido y comenzarán a publicar el panfleto “Limonka” (granada) el cual se las arreglan para que llegue a pequeñas provincias donde poco a poco van ganando adeptos. El Partido Bolchevique llegará a contar con el tiempo con más de 7.000 militantes que se denominan nasbols. A pesar de todo, la carrera política de Limónov siempre estará marcada por la marginalidad y las minorías, con las que siempre se ha identificado y a las cuales además aspira a liderar para reinar sobre el mundo.

En Moscú, el Partido Bolchevique se reunirá en un mísero local situado en algún sótano perdido al que apodan, “El búnker” (guiño al mismo Hitler). Siguen publicando el Limonka aunque a Limónov le molesta cada vez más el desapego de Duguin que desaparece a la hora de la verdad. Como cuando en Rusia se trata de derrocar al régimen de Yeltsin cuyo gobierno empieza a ir a la deriva.

La revuelta es liderada por  Rutskói y atrae a todo tipo de perfiles: desde comunistas a neonazis pasando por religiosos y punkis. Durante unos días se atrincheran en la Casa Blanca moscovita y se convierten en foco mediático global. Mientras tanto, los poderes fácticos de Rusia como Khodorkovsky reaccionan y dejan atrás sus diferencias para unirse y apoyar a Yeltsin y así asegurar sus negocios.

En medio de todo este follón, Limónov trata de unirse a la revuelta pero comete el “fallo” de salir de la Casa Blanca, lo que le impedirá volver a entrar. Lamenta profundamente no estar en la primera fila de los acontecimientos, aunque conseguirá hablar con Rutskói al que acaba detestando. La revuelta acaba siendo aplastada por el ejército. Limónov consigue escabullirse y escapar por los pelos.

El autor
Carlos Battaglini

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1 comentario
  1. Hola Nuno,
    gracias pour seguir esta reseña bien completa del libro de Emmanuel Carrère (que el mismo resume los libros de Eduard Limonov de manera algo edulcorada).
    Hay que ir al original, pero en España, solo se han traducido 3 de los 58 libros de Limonov.
    Un abrazo desde Paris,
    José-Dominique

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