Un provinciano universal, acercamiento a Leopoldo Alas Clarín

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¿Para qué mentir? Me acercaba a la obra de Leopoldo Alas Clarín con una cierta pereza. Lo veía ahí con sus gafas de profesor antiguo, su sombra estricta, su áurea pasada y sólo me salían suspiros. Me aproximaba a Clarín un poco por ‘obligación literaria’, es decir, por ser uno de esos escritores que hay que leer por haber sido uno de las grandes de las letras españolas. No me apetecía bucear en el interior de los grandes océanos de su vasta obra capitaneadas por La Regenta, sino leer algo corto. ¿Y por qué no empezar con varios cuentos como ¡Adiós Cordera!, El dúo de la tos y Benedictino?, cuentos que Clarín había escrito allá por el siglo XIX.

Después de leer estos textos, puedo decir que sí, que he olido ese aire antiguo en Clarín, he notado ese rigor, y si se me permite, he sentido hasta un poco de tristeza. Pero también me he encontrado con un hombre moderno, en el fondo sensible, justo y sin duda, romántico.

En ¡Adiós Cordera!, Clarín nos cuenta la historia de la vaca Cordera que vive tranquilamente en el seno de una familia rural asturiana, mimada por los hermanos Rosa y Pinín que sólo viven para ella. Se desenvuelve Cordera pacífica en una parcelita, en el campo, con el simple objeto de vivir por vivir, sin hacerse ni una sola pregunta, sin ningún tipo de preocupaciones. Una actitud que ha calado hondo en los hermanos que la acompañan en la feliz burbuja rústica. Pero no es tan fácil escapar, evadirse. Justo al lado de la parcelita, de la hierba, se erige un poste de teléfono cuyas espaldas ven pasar de vez en cuando un tren ruidoso que se dirige a alguna parte. Es la modernidad. Es el inicio de la industrialización en España. Los hermanos curiosean el poste, pero siempre hay un impulso natural que los hace volver a la parcela, al campo, a la sencillez de su Cordera.

Pero la familia tiene necesidades. La madre ha muerto de tanto trabajar y el padre no tiene recursos para mantener a la familia y por ello toma la decisión fatídica de vender a la Cordera sin comunicárselo a los hijos. Se dirigirá así el progenitor al pueblo donde intentará vender a la indiferente vaca que sigue en su mundo de paz y tranquilidad sin tener la más remota idea de lo que le espera.

Vender a la Cordera sin embargo, no es tan fácil, y no se consigue a la primera. Rosa y Pinín descubren apesadumbrados las intenciones de su padre, quién tampoco puede evitar entristecerse. España a su vez vive tiempos convulsos, comienzan las guerras carlistas y Pinín es llamado a filas. Todo se resquebraja. Unos días después, Pinín pasará cerca de la parcela, metido en el tren que va atestado de soldados y de donde sacará la cabeza para despedirse de su hermana Rosa y también de la Cordera que morirá dentro de poco sin saberlo. ¡Adiós Rosa!, ¡adiós Cordera! grita Pinín desolado desde el tren.

Con este cuento pareciera que Clarín nos quiera mostrar la dialéctica del campo ciudad, donde el primero representa la paz y la segunda el caos, el escenario en el que se desarrollan las vilezas del ser humano, sus ambiciones, su avaricia.

Clarín refleja la desesperación de unas gentes humildes que no pueden evitar ser arrastrados por un mundo ajeno que les obliga a participar de acontecimientos de los que no quieren formar parte. Un mundo que trae una modernidad dudosa y también la guerra.

El dúo de la tos es otro cuento que narra la vida de dos enfermos, marginados sociales que coinciden en un hotel solitario. Los dos tosen desde sus habitaciones, la 32 y la 36, lo que creará una especie de lazo psicológico que los lleva a imaginar una vida en común. Se hacen ilusiones, sueñan una vida juntos que los aparte de la soledad lacerante. Pero la realidad ejerce de realidad y los ‘enamorados’ no llegarán a conocerse nunca, siguiendo cada uno su propio camino. Solos. Este es por tanto un cuento que nos habla de la soledad del ser humano, condición que le  acompaña desde que es humano.

Por último, Benedictino es más bien un cuento triste. Dos amigos, don Joaquín y don Abel, conocidos también como Caín y Abel, viven en un pequeño pueblo, a la sombra de la soltería el primero, y el cuidado de su mujer y sus hijas el segundo. Caín se jacta de su soltería, de su “filosofía de vida”, liberado de las obligaciones conyugales. Abel no lo envidia porque está contento con su mujer y sus tres hijas, aunque éstas últimas lo tengan un poco preocupado.

Y es que resulta que algunas de sus hijas parece que se van a comer el mundo, sobre todo Nieves, la más joven: extraordinaria bailarina, coqueta como ella sola; pero resulta que pasa el tiempo y ninguna de las hijas consigue pareja, ninguna de ellas forma una familia ante la desesperación de Abel que acabará muriendo triste y desolado. Su amigo don Joaquín siente pena por las hijas de su íntimo amigo, pero al mismo tiempo siente desinterés por ellas, al igual que todo el pueblo que ya ni las recuerda. Don Joaquín, que en su momento sentía una fuerte atracción por Nieves, experimenta (al contrario que las hijas de Abel) un extraordinario rejuvenecimiento que hará que una desesperada Nieves le aborde un día sin contemplaciones. Casi sin querer, “obligado”, don Joaquín, Caín, cumple uno de sus sueños más lujuriosos.

Con este cuento, Clarín parece querer presentarnos la dialéctica entre el bien y el mal, donde no necesariamente vence el primero, como la vida parece demostrar muchas veces. Clarín no se complica y cuenta con claridad de lo que quiere hablar: nos habla del matrimonio, de los celos, del apareamiento del ser humano, una obsesión casi natural que afecta de manera directa e indirecta a todos los seres humanos y que lo amarga si no se materializa.

Aquí finaliza de momento mi acercamiento a Leopoldo Alas “Clarín”, del que aprecio su llaneza, su sensibilidad y también su dureza, todo ello enmarcado con una antigüedad repleta de lunares modernos que reflejan la cotidianidad del ser humano, características que no parece que hayan cambiado en absoluto con el paso del tiempo. Clarín refleja también la España convulsa del siglo XIX, aún recuperándose de la invasión francesa, zozobrando entre absolutistas, liberales, progresistas, afrancesados y guerras carlistas… todo ello con la industrialización y la modernidad de fondo.

Alejado del estilo de la insinuación, de la sugerencia, que más tarde se pondría de moda de la mano de  escritores como Salinger, Carver, Hemingway o CortázarClarín no se anda con rodeos y supuestos, y dice claramente lo que quiere contar, haciendo uso de un estilo informativo, muy adjetivado, pero que encuentra al final su final feliz gracias al cúmulo de mensajes y sensaciones que transmite.

Aunque nacido en Zamora, Clarín es un escritor asturiano que en su día compaginó la literatura con la docencia y el derecho, haciendo siempre gala de un curriculum impecable. Clarín tenía fama de ‘hueso’ en la universidad y también de tener una afilada lengua literaria con la que hirió a muchos escritores de la época. Se quejaba entre otras cosas el asturiano de la deficiente calidad del mundo literario de entonces y no tenía reparos en denunciar a los pésimos juntaletras.

Sus posturas políticas, de corte laico y republicano, también le atrajeron la enemistad de la derecha más recalcitrante. Literariamente, la eclosión de Clarín vendría de la mano su obra magna, La Regenta, donde describe el ambiente provinciano de la época. Nacido en 1852, Clarín, un ‘provinciano universal’ moriría en Oviedo en 1901 con tan solo 49 años víctima de una tuberculosis intestinal de último grado. Hoy en día está considerado una referencia ineludible de las letras en español.

¿Y tú lector? ¿Has leído a Clarín? ¿Qué te pareció?

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir, acompáñame. Más sobre mí

2 comentarios
  1. Leí ‘La Regenta’, mamotreto que compré en un viaje al Perú. Me lo leí de corrido en casi un mes y me dejó deslumbrado. Recuerdo una escena donde el cura libera con gran esfuerzo físico a una dama que estaba atrapada en algo así como un balancín o columpio sin que ningún varón haya podido ayudarla, y él se para diciéndose a sí mismo que él podía, que sí podía y la saca dejando asombrados a todos, porque no lo creían que fuera tan fuerte, e incluso su rival, que terminó yaciendo con la regenta, se dice para adentros que había que tener cuidado con un hombre así… Creo que releeré la novela, pero primero los cuentos que reseñas. Me imagino que están en Internet

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