¿Qué está pasando en West Papua? Una historia que todo el mundo debería conocer.

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Y tú también. Consciente o inconscientemente, todo el mundo ha visto esa isla con forma de pájaro encima de Australia. Aun así, la mayoría de la gente no tiene ni idea de que esa isla se llama Nueva Guinea. Ignoran también que la ínsula está dividida en dos países, resultado de una línea divisoria que nos deja Papúa Nueva Guinea (PNG) a la derecha, mientras que a la izquierda se sitúa Western Guinea, también llamada West Papua, región que pertenece a Indonesia.

¿Las cosas son así de “fáciles”? Ni mucho menos. Aunque históricamente, los primeros ojos europeos que vieron la isla fueron portugueses y españoles, ésta se la repartieron posteriormente entre ingleses y alemanes en lo que respecta a PNG, mientras que Western Guinea (que a lo largo de la historia se ha llamado de muchas maneras) quedó en manos de los holandeses.

Con el advenimiento de las guerras mundiales, los alemanes fueron expulsados de PNG, quedándose los ingleses con un control absoluto que posteriormente cederían a los australianos, que administraron PNG hasta 1975, fecha en la que éste país obtuvo la independencia.

Por su parte, Holanda fue obligada a deshacerse de sus colonias asiáticas, teniendo que renunciar así a Indonesia. Mediante el ‘Acuerdo de Nueva York’, a los holandeses no les quedó más remedio que entregarle también Western Guinea a este país a pesar de que consideraban un error que Indonesia tomase posesión de un territorio con el que no tenía nada que ver desde el punto de vista cultural, étnico o religioso.

Afirmaban que ceder Western Guinea a Indonesia era como pasar de un colonialismo a otro y por tanto lo mejor era que Western Guinea se administrase a sí misma. Pero en medio de todo este follón, se encontraba el gobierno norteamericano (respaldados sutilmente por la ONU) que apoyaba a Indonesia.

La razón era bien sencilla. La administración norteamericana pretendía simplemente que Western Guinea no cayese en las garras de la Unión Soviética, que ya había colaborado con el anterior presidente indonesio Sukarno, ahora caído en desgracia en favor de Suharno, que con el apoyo y aliento norteamericano había aniquilado a los comunistas del PKI.

La cuestión por tanto para el gobierno norteamericano era simple: Indonesia (Militarismo) o comunismo. Evidentemente, Holanda no tenía nada que hacer frente al poderío estadounidense y por ello se retiró silenciosamente. Eso sí, antes de marcharse, fomentó el nacionalismo de West Papua, seguramente de una manera decisiva.

Western Guinea o West Papúa, cayó por tanto en poder de Indonesia. Los que esperaban que la liberada Indonesia daría un ejemplo de democracia y libertad, respetando la soberanía de West Papua, se dieron cuenta de su ingenuidad cuando la realpolitik entró en acción. Fue así como ante una cierta presión internacional, este país decidió organizar un referéndum en 1969 para legitimar su dominio.

Es lo que se conoce como el ‘Act of Free Choice‘  (‘Acto de Libre Elección’) a través del cual se llevó a cabo una farsa que condujo al país asiático a presionar a un puñado de líderes locales para que votasen en favor de la anexión de West Papúa a Indonesia. De pronto los west papús quedaron dentro de unas fronteras indonesias que les resultaban extrañas, ajenas y no tardan en rebelarse contra el ‘Act of Free Choice’.

Se refuerzan así movimientos como el Free Papua Movement (OMP) que entre proclamas independentistas y alzamiento de la Morning Star (bandera emblema de la independencia de West Papua) también proclamarían consignas como, “¡no queremos una vida moderna! Rechazamos todo tipo de desarrollo: grupos religiosos, agencias de desarrollo, organizaciones gubernamentales, ¡dejadnos en paz!”.

La respuesta indonesia a las proclamas independentistas fue brutal. El ejército reprimió a los rebeldes a base de asesinatos masivos y persecución de los principales líderes, muchos de ellos muertos hoy en día, otros exiliados y vivos de milagros como es el caso de Jacob Prai, exiliado en Suecia o el de Benny Wenda, refugiado en Londres.

Hoy en día, estos líderes de West Papua tratan de darle visibilidad internacional al problema informando al mundo de las atrocidades del ejército indonesio que según ellos está cometiendo genocidio. Indonesia mientras tanto, mantiene la zona militarizada, a la vez que se dedica a poblar las dos provincias de Western Guinea (West Papua y Papua) de indonesios, cuyo ritmo de natalidad supera por mucho a los locales west papús, que atónitos comprueba cómo cada vez son más extraños en su propia tierra.

Este fenómeno hace que las principales ciudades estén dominadas por los indonesios que de esta manera controlan la economía, y los puestos de poder. La zona, rica en recursos naturales, está explotada pero los beneficios caen en las manos de unos pocos conectados directa o indirectamente a Indonesia.

A pesar de todo, Jakarta no puede evitar la ansiedad, la histeria y los nervios que el asunto de West Papua les crea. Observan impotentes, como líderes west papús en el exilio como los mentados Prai o Wenda le están dando voz a un conflicto que Indonesia trata de tapar a toda costa.

Asimismo, la impresión general es que el gobierno de Indonesia carece de una estrategia coherente y lógica respecto a West Papua. El país asiático, temeroso de perder el control de la zona o que ésta se convierta en un nuevo Timor del Este, se dedica a usar la violencia sin ton ni son. Todos estos miedos llevaron a Indonesia en 2001 a dotar a la zona de una autonomía especial, aunque la mayoría de los west papús, consideran esta autonomía como una farsa, ya que Jakarta sigue gobernando Western Guinea con mano dura.

A pesar de todo, a los west papús, les dan palos por todos lados. En PNG, sus hermanos de sangre, mantienen una posición de extrema cautela, y el gobierno procura no inquietar en absoluto a los indonesios. Hasta hace muy poco, el primer ministro de PNG, Peter O’Neill, decía con un tono de voz muy bajito que estaban dispuesto a hablar de West Papúa con Indonesia, “de manera muy respetuosa”.

Incluso los militares de PNG, controlan los puestos fronterizos para que no se cuelen miembros del OMP que huyen despavoridos de West Papua. A pesar de todo ello, PNG acepta a refugiados de West Papua si no le queda más remedio, pero les impone la innegociable condición de no criticar al gigante asiático. Hay que añadir, que West Papúa nunca ha expresado un deseo claro de unirse a PNG y crear una sola nación, si acaso aceptaría una federación. Lógicamente, el pueblo de PNG, siente simpatía por sus ‘hermanos’, pero el hecho de que hayan tenido una senda histórica diferente, ha enfriado mucho la relación.

En lo que respecta a la comunidad internacional, como suele ocurrir (y a pesar de que la ONU ya había expresado serias dudas respecto a la validez del ‘Free Choice Act’) ésta defiende el status quo y por tanto apoya la soberanía de Indonesia sobre West Papua. Es por ello que el United Liberation Movement for West Papua (ULMWP) ha visto rechazada su solicitud para ser parte del Melanesian Spearhead Group (MSG) ya que sólo contó con el respaldo de Vanuatu, que acabaría quedando completamente aislada.

Mientras tanto, la vida sigue en Western Guinea/West Papua. Una vida dura, difícil, caracterizada por escarceos esporádicos, que suelen ser brutalmente reprimidos por los militares indonesios que siguen gobernando la zona con mano de hierro y restringiendo el acceso o expulsando a la prensa, ONGs y otros grupos que puedan ser molestos.

Rivalidades interétnicas, divisiones entre los highlanders y los costeros, fricciones entre locales y migrantes, complican aún más la situación.

Sea como fuere, lo que no puede evitar el gobierno indonesio es que el conflicto y las acusaciones de genocidio sean conocidas cada vez por más gente. Dicen que el tiempo pone las cosas en su sitio. Mientras tanto, la lucha continúa. Que el mundo lo sepa.

¿Y tú lector, seguro que nunca habías oído hablar del problema de West Papua, verdad?

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir, acompáñame. Más sobre mí

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