ATAQUE DE MELANCOLÍA

melancolia

Ocurrió hace unos días. De repente empecé a sentirme incómodo. La risa ya no me salía fluida, me daba pereza encontrarme con gente, el negro se posaba sobre mi frente. Los viejos fantasmas estaban de nuevo aquí. No sé muy bien como pasó, pero lo cierto es que fue así. De pronto, sufrí un ensimismamiento agudo, un auto encogimiento profundo; busqué refugio en el escondite, me oculté dentro de la oscuridad, me tapé dentro de la cueva. Mi alma y mi cuerpo volvían a hablar diferente idioma, dialectos que a veces se podían entender, pero que al final no llegaban a una comprensión real.

Me estaba volviendo a sentir mal aquí. Aquí, en mi país. Como un veterano del Vietnam que vuelve a su casa, que recibe abrazos y flores en el aeropuerto, pero que al día siguiente se da cuenta que no entiende nada. Que este no es su sitio, que no se identifica ni con los que están alrededor, ni con lo que está pasando en frente de sus narices. Así estaba yo.

Callado, con gesto gris, mirada de niebla, como el faro de la isla de San Borondón, apagándose, apareciendo, apagándose… La realidad volvía a ser manipulada por mi mente. Mi cerebro, el más exigente de una clase plagada de Rottenmeiers, nunca se contentaba con lo que hacía: siempre daba la sensación de que podía hacer más, no estaba haciendo lo suficiente. Era, es horrible. De nada servía que invirtiese un montón de tiempo en escribir. No, el decía que no era suficiente. Echarse en un sofá era un pecado, ver la tele, una pérdida de tiempo. Pensar en frivolidades, algo peligroso y sin futuro.

Estaba desesperado. Escribiendo pero sin obtener ningún resultado real que me convenciese de que estaba aprovechando el tiempo, de que todo el trabajo que estaba desplegando servía para algo. Una sensación extraña. Se me juntó todo. Volvían los fantasmas. Sólo apreciaba lo malo, lo fatal: la envidia que me rodea a veces en mi país. Gente que vigila todos tus pasos para asegurarse de que te controlan, para intentar superarte como sea. Como no lo consiguen, estallan, envidian, recelan e intentar joder. Todo se me juntaba.

La calle volvía a ser para mí un lugar horrible, cruel. Mi sensibilidad era de una sensibilidad al cubo multiplicada por el infinito. El Sábado por la noche volvieron los dolores. Parecía un ataque, un ataque de melancolía. Acompañaba la noche, solitaria, callada. Sonaba algo de chill-out. La nocturnidad era peligrosa e inspiradora. Pensé en ellos. En todos. Y no pude más. Pensé en todos mis amigos. En los amigos de verdad: en la gente que sé que se alegra de mis éxitos, que se entristece cuando las cosas no marchan.

Pensé en todos ellos y les escribí. Se los conté. A veces no estoy cómodo en España, les decía. De vez en cuando me siento como si estuviese en una playa paradisíaca donde todos los bañistas me cayesen mal. Imagínatelo. Una playa, un mar maravilloso, una arena suave, un sol amigo. Y los bañistas. Gente que te mira mal cuando te vas a bañar, o cuando te tumbas a coger un poco de sol.

Y todo, es verdad, o casi todo, más bien, está en la cabeza de uno. Uno se puede inventar su vida, su historia, escribir sus actos, dibujar su presente, trazar su futuro, decorar su pasado. Lo podemos hacer. No hay una fuente absoluta que nos diga que nuestra vida fue así o asao. Nosotros la podemos dibujar. Además, normalmente la imagen que uno tiene de sí mismo, dista muchísimo de la que tienen los otros.

Mírate en una cámara de video. Te sorprenderías. Una vez me vi en un video. Pululaba por una nave de San Fernando, rodeado de cazón y pescaíto frito. Me vi en la pantalla con una sonrisa perenne, un buen rollo constante . Ese era yo. Quiero controlar la cabeza, positivarla, llenarla de mensajes positivos, alentadores, alegres. Quiero creerme de una vez que todo está bien y que todo va a estar aún mejor.

El ataque de melancolía siguió y lo hice. Página web de Air Europa. Página web de Virgin. Lo haré. Me voy. Saco los billetes. Un viaje para reencontrarme con los míos. A recordar que hay más cosas en la vida. Porque cuando uno vive en un sitio pequeño, cercado por las mismas personas, las mismas costumbres, tiene que recordar de vez en cuando que hay más cosas. Que tan solo vives en un fragmento atómico de la totalidad. Pero hay que recordarlo. La mediocridad siempre está ahí. La basura engancha. Ganaremos.

El autor
Carlos Battaglini

Lo dejé todo para escribir, acompáñame. Más sobre mí

6 comentarios
  1. Describes muy bien un trastorno esquizoide… Eso de pensar que todo el mundo está pendiente de nuestras vidas. Las personas que vivimos en islas pequeñas coma la nuestra no gozamos de anonimato y a veces las personas son propensas a pensar que somos más importantes en la vida de los demás que un minuto de desahogo, envidia, o lo que sea… Yo creo que la vida es según las gafas con las que la mires… Y no podemos intentar controlar todo menos la opinión de los demás, sólo llenar nuestra vida para que nada de eso nos importe ni nos robe un minuto de nuestro tiempo… Y opino que existen pocas cosas más sublimes y maravillosas que perder el tiempo, escribe sólo cuando las letras se te salgan de los dedos, mira la TV, disfruta de esa playa. La vida son sólo instantes que pasan una vez y no vuelven… Ya parezco Pablo cohelo!! Felicidades por el post, son muchos los conejeros que se sienten así

    1. Gracias María José! Tú sabes perfectamente a lo que me refiero. Comparto totalmente tu radiografía, hay que centrarse en el presente, en aprender, en disfrutar, en vivir, en suma. Lo de perder el tiempo lo llevo peor, tengo que mejorar ;)) Por cierto, para nada pareces Paulo Coelho : ) Un abrazo y gracias por comentar en el blog después de tanto tiempo!

  2. Describes muy bien un trastorno esquizoide… Eso de pensar que todo el mundo está pendiente de nuestras vidas. Las personas que vivimos en islas pequeñas coma la nuestra no gozamos de anonimato y a veces las personas son propensas a pensar que somos más importantes en la vida de los demás que un minuto de desahogo, envidia, o lo que sea… Yo creo que la vida es según las gafas con las que la mires… Y no podemos intentar controlar todo menos la opinión de los demás, sólo llenar nuestra vida para que nada de eso nos importe ni nos robe un minuto de nuestro tiempo… Y opino que existen pocas cosas más sublimes y maravillosas que perder el tiempo, escribe sólo cuando las letras se te salgan de los dedos, mira la TV, disfruta de esa playa. La vida son sólo instantes que pasan una vez y no vuelven… Ya parezco Pablo cohelo!! Felicidades por el post, son muchos los conejeros que se sienten así

    1. Gracias María José! Tú sabes perfectamente a lo que me refiero. Comparto totalmente tu radiografía, hay que centrarse en el presente, en aprender, en disfrutar, en vivir, en suma. Lo de perder el tiempo lo llevo peor, tengo que mejorar ;)) Por cierto, para nada pareces Paulo Coelho : ) Un abrazo y gracias por comentar en el blog después de tanto tiempo!

  3. Aquí también me encuentro reflejada, en estas palabras tuyas, que yo hago mias de otra forma, en papel no escrito sino rasgado, manchado, aplastado, arrugado, mojado, roto, amarrado, negro o rojo. Por otra parte, no entiendo por qué no puedo seguirte, a menos que este blog sea así, no se deja seguir y no lo haya comprendido, puedo ser una analfabeta informática con frecuencia. Gracias!

    1. Muchas gracias Carolina! Veo que estamos en la misma sintonía:) Por otro lado, el blog es muy fácil de seguir, bien puedes suscribirte o ponerle un like en Facebook o en Twitter, aparte del método tradicional, esto es, entrar por aquí de vez en cuando! Un abrazo grande, Carlos

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